La pregunta sobre si el punto de vista del niño de primaria (7-9 años) puede ser la base para decisiones incondicionales, toca aspectos clave de la psicología del desarrollo, la pedagogía, el derecho familiar y la ética. La respuesta directa: no, no tiene derecho a considerar el punto de vista del niño como una decisión lista y sin condiciones, sino que debe considerar y respetar su punto de vista al tomar la decisión final, que debe corresponder al nivel de madurez, seguridad e intereses del niño.
Esta edad (primaria) es el período de operaciones concretas según Jean Piaget. El niño ya es capaz de pensar lógicamente, pero en marcos limitados y visuales. Su capacidad para prever y evaluar las consecuencias a largo plazo de sus deseos es aún muy limitada.
Egoísmo: Aunque ha disminuido en comparación con la infancia temprana, aún se manifiesta. El niño tiene dificultades para considerar plenamente los intereses y sentimientos de los demás en situaciones complejas (por ejemplo, al planificar el presupuesto familiar o elegir la escuela para su hermano/hermana).
Instantaneidad y motivación hedonista: Las decisiones a menudo están motivadas por el deseo inmediato, la emoción («quiero ahora») o la evitación del malestar («no quiero ir al médico porque me da miedo»), en lugar de un análisis de la utilidad/detrimento.
Dependencia del autoridad y búsqueda de límites: El niño de esta edad espera inconscientemente guía adulta y límites claros. La transferencia total del derecho a decidir lo desorienta y aumenta la ansiedad, ya que su psique no está preparada para llevar esta carga. Esto puede llevar a lo que se llama «madurez prematura» y agotamiento emocional.
Ejemplo: Un niño de 8 años puede rechazar categóricamente una cirugía necesaria, guiado por el miedo. Seguir incondicionalmente su punto de vista pondría en riesgo su salud. La tarea de la madre es no cancelar la cirugía, sino reconocer el miedo y ayudar a superar y explicar la necesidad de la acción.
De acuerdo con el Código de la Familia de la Federación Rusa (artículos 63, 64), los padres son responsables del cuidado y desarrollo de sus hijos, deben cuidar de su salud, físico, psicológico, espiritual y moral. Son representantes legales de sus hijos y actúan en defensa de sus derechos e intereses.
Derecho del niño a expresar su opinión está garantizado en el artículo 57 del Código de la Familia de la Federación Rusa y la Convención sobre los Derechos del Niño. Su punto de vista debe ser considerado obligatoriamente al resolver asuntos que afectan sus intereses (elección de la institución educativa, club, lugar de descanso). Sin embargo, la ley habla específicamente de consideración, no de subordinación incondicional.
Límite entre la consideración del punto de vista y la irresponsabilidad: La delegación a un niño de 7-9 años de decisiones vitales (por ejemplo, sobre el lugar de residencia después del divorcio, la necesidad de un tratamiento serio, el régimen de días y alimentación) es una forma de estilo de crianza permisivo y puede considerarse como incumplimiento de las obligaciones parentales.
Delegación de una responsabilidad insoportable: El niño cuyas palabras se convierten en ley rápidamente entiende que los adultos no cumplen con su papel. Esto da lugar a ansiedad, sensación de inseguridad y hiperresponsabilidad, lo que es un camino directo a la neurosis.
Formación del egoísmo y la desadaptación social: El niño cuyos deseos impulsivos se cumplen incondicionalmente no aprende a considerar a los demás, a negociar, a soportar y a hacer esfuerzos. Esto dificulta su integración en cualquier grupo (escuela, más tarde, trabajo).
Pérdida de desarrollo de habilidades importantes: La toma de decisiones es una habilidad que se forma gradualmente, bajo la guía de un adulto. Si la decisión siempre está lista (su punto de vista), el niño no aprende a analizar alternativas, evaluar «pro» y «contra», asumir la responsabilidad de las consecuencias.
Riesgo para la seguridad y el desarrollo: El punto de vista del niño puede contradecir las necesidades objetivas en seguridad, educación, salud.
Una posición saludable del padre es la crianza autoritaria, no autoritaria. La decisión la toma el adulto, pero el proceso de su toma incluye al niño.
Proporcionalidad: El problema debe corresponder a la edad. El niño tiene derecho a elegir qué libro leer por la noche, qué camiseta llevar o qué postre preparar en el fin de semana. No tiene derecho a decidir si hacerse una vacuna o mudarse a otra ciudad.
Explicación y diálogo: El adulto debe explicar por qué se toma una decisión en particular, especialmente si contradice el deseo inmediato del niño. «Entiendo que quieres quedarte en casa y jugar, pero necesitamos ir al médico para revisar tu salud y no enfermarte».
Ofrecer una elección limitada: Esto es un método pedagógico poderoso. No «¿Vas a limpiar tu habitación?», sino «¿comenzarás con los juguetes o con los libros?». De esta manera, el niño siente su agencia (capacidad de influir en la situación), pero dentro de los límites establecidos por el adulto.
Reconocer las emociones, incluso si la decisión es inmutable: «Veo que estás muy enojado porque no me permito jugar en la computadora una hora más. Las reglas son así. Vamos a pensar en qué otra cosa interesante podemos hacer». Esto enseña al niño a vivir la frustración, no a evitarla.
Curioso hecho de los estudios: Los psicólogos D. Baumrind y E. Maccoby identificaron estilos de crianza. Los hijos de padres autoritarios (que combinan requisitos altos con calidez, diálogo y consideración del punto de vista) demuestran el más alto nivel de autoregulación, competencia social y logros académicos. Los hijos de padres permisivos (que tienden a seguir a su hijo) a menudo tienen problemas de autocontrol y bajo rendimiento académico.
El derecho y la obligación de la madre (padre) es tomar decisiones finales, equilibradas, que responden por la seguridad, la salud y el bienestar a largo plazo del niño. El punto de vista del niño de 7-9 años es un señal importante, obligatorio a escuchar y respetar sobre sus necesidades, emociones y personalidad en formación. Sin embargo, es un material crudo para la reflexión del adulto, no un veredicto listo.
Transmitir y hacer realidad el punto de vista del niño como una verdad incondicional significa renunciar a la responsabilidad parental, lastimar el desarrollo emocional del niño y privarlo del sentido de seguridad necesario. El verdadero respeto al niño se manifiesta no en el ciego seguimiento de su voluntad, sino en el diálogo atento, explicación honesta de los límites y gradual transferencia de la responsabilidad a medida que crece, cuando realmente esté preparado, cuando realmente esté listo. El equilibrio entre el respeto a la autonomía y la provisión de liderazgo es lo que realmente es el arte de la paternidad.
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