La ayuda de la Unión Soviética a Ghana para obtener y fortalecer su independencia es un episodio brillante y contradictorio de la Guerra Fría. Se extiende desde la proclamación de la independencia de Ghana en 1957 hasta el golpe de Estado en 1966. Es una historia de esperanzas en la modernización socialista, del choque de ideologías y del pragmatismo, así como de cómo las buenas intenciones, no respaldadas por un conocimiento adecuado de las realidades locales, pueden llevar a consecuencias catastróficas.
La URSS veía a Ghana no solo como un nuevo socio comercial, sino como un plataforma estratégica para expandir su influencia en África Tropical. Ghana, por su parte, buscaba en la Unión Soviética un contrapeso al influjo occidental y una fuente de recursos para un rápido impulso económico.
El 6 de marzo de 1957, la colonia británica de la Costa del Oro obtuvo la independencia, convirtiéndose en el primer país en África Tropical en obtener soberanía bajo el nombre de Ghana. El 4 de enero de 1957, el primer ministro de Ghana, Kwame Nkrumah, envió una invitación al Presidente del Consejo de Ministros de la URSS, Nikolai Bulganin, a la ceremonia de proclamación de la independencia, lo que testimoniaba su deseo de establecer contactos con el bloque socialista. En la ceremonia se llevaron a cabo negociaciones entre el jefe de la delegación soviética, I.A. Benediktov, y el primer ministro de Ghana. El 30 de diciembre de 1957 se firmó un comunicado sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la URSS y Ghana a nivel de embajadas.
El período más intenso de cooperación se extendió de 1960 a 1965. En agosto de 1960 se firmaron los primeros acuerdos intergubernamentales clave sobre comercio, cooperación económica y técnica, así como cultural.
El período de 1961 a 1966 se convirtió en la «época dorada» de las relaciones soviético-ghanas. La Unión Soviética asumió el compromiso de construir una serie de proyectos industriales en Ghana: complejo de empresas de pesca, refinación de oro, fabricación de maquinaria, fábricas de concreto, ladrillos y tejas, fábricas de papel y algodón, así como una central hidroeléctrica en el río Volta Negro. Los geólogos soviéticos llevaron a cabo la exploración de nuevos yacimientos de oro, minerales de manganeso y caliza. La URSS ayudó en la formación de personal nacional y participó incluso en el desarrollo de programas educativos para el Instituto Ideológico de Kwame Nkrumah.
El proyecto clave, pero en última instancia fallido, fue el acuerdo sobre la construcción de un reactor de investigación nuclear de potencia térmica de 2 MW, firmado en febrero de 1961. A principios de 1966 estaba listo para su puesta en marcha, pero el golpe de Estado puso fin a este proyecto.
No obstante, la ayuda soviética también tenía un lado negativo. Kwame Nkrumah, obsesionado con la idea de una industrialización acelerada y deseando repetir la experiencia soviética, adoptó las recetas recomendadas por Moscú, que resultaron devastadoras para la Ghana agrícola. Se trató de la introducción de una economía planificada, la nacionalización de grandes empresas y bancos, el establecimiento de un control estatal sobre la industria y la creación de granjas colectivas en el campo. Estas medidas no tuvieron en cuenta las realidades ghanas y llevaron a un colapso económico. La mayoría de los proyectos conjuntos se convirtieron en obras de gran costo debido a errores en la planificación y el abastecimiento.
La política interna de Nkrumah, alentada por los diplomáticos y expertos soviéticos, no solo destruyó la economía, sino que también llevó a la caída del nivel de vida de la población. Esto garantizó el éxito del golpe de Estado que tuvo lugar el 24 de febrero de 1966.
La reacción de la URSS al golpe fue incoherente. Al principio, Moscú se negó a reconocer el nuevo «regimen reaccionario y prooccidental» y envió un barco con armas a las costas de África Occidental para los partidarios de Nkrumah. Sin embargo, pronto se retiró el barco y la URSS restableció relaciones plenas con la junta. Este paso se debió a intereses pragmáticos: la necesidad de recuperar créditos, mantener un comercio ventajoso y la posibilidad de completar la construcción de los proyectos iniciados. De este modo, el pragmatismo desplazó a los imperativos ideológicos, lo que marcó un nuevo capítulo en la política soviética en África.
La cooperación entre la URSS (y luego Rusia) y Ghana continuó durante las décadas siguientes. En los años 1970 y 1980, las relaciones experimentaron periodos de caída y recuperación, y en la actualidad se construyen sobre una base pragmática, incluyendo la cooperación en el ámbito científico-educativo y el desarrollo de contactos políticos.
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