Cuando hablamos de Agnia Lvovna Barto, enseguida se nos vienen a la mente las frases conocidas desde la infancia: «Nuestra Tanya llora fuerte», «Va el buey, se balancea» o «La dueña dejó al conejito». Sus poemas son un universo en el que viven juguetes, niños, animales y, por supuesto, la naturaleza. Entre los muchos personajes que habitan en este universo, hay uno humilde pero muy importante: la margarita. Barto no escribió un ciclo separado sobre las margaritas, pero esta flor aparece en sus poemas varias veces, y cada vez con una carga semántica específica. La margarita de Barto no es simplemente un elemento del paisaje, es un símbolo que habla de libertad, de elección, de la belleza de las cosas simples y de que lo auténtico no se puede vender.
El poema más conocido de Agnia Barto, en el que la margarita juega el papel principal, es «Corren las margaritas por el campo». Este poema forma parte de la colección «Piensa, piensa...», que Barto destinó a los lectores niños, pero que ella misma llamaba «lírica filosófica». Y de hecho, a primera vista, un poema simple sobre un ramo de margaritas resulta mucho más profundo de lo que parece.
Aquí está su texto completo:
Corren las margaritas por el campo,
Enorgulleciéndose en la vista,
Y yo estoy como clavado,
Y no puedo apartar la vista.
Corren las margaritas por el campo,
No se esconden en la hierba...
Y yo con el ramo pateo,
Con flores por Moscú.
Veo a un tío
Sonriendo dulcemente:
— Buen ramo, buen ramo!
¿Por cuánto lo vendes?
Y el tío dice
Palabras persuasivas:
— Acordamos? Bien?
No rúpia, sino dos.
Y yo le doy una respuesta,
Le digo: — No, no,
No vendo las margaritas,
Llevo el ramo a casa.
Y hasta luego, tío,
Acordamos? Bien?
Ya en las primeras líneas vemos un recurso inusual: las margaritas de Barto no solo crecen, sino que «corren». Este personificación da a las flores vitalidad, autonomía, casi energía humana. Ellas «se enorgullecen en la vista», no se esconden, son libres. Y el personaje lírico, un niño, está fascinado por esta imagen. Está como clavado, no puede apartar la vista. Y luego él mismo se convierte en parte de este mundo: camina por Moscú con un ramo de margaritas. La ciudad y la naturaleza se encuentran, y las margaritas están en las manos de un niño que las llevó a través de la capital.
Pero la historia no termina aquí. Aparece el «tío» — un personaje urbano típico, que ve en el ramo no la belleza, sino un objeto. Ofrece dinero, intenta comprar las margaritas, incluso negocia: «No doy rúpia, sino dos». Para él es simplemente una cosa que se puede comprar. Pero el niño responde con un rechazo firme: «No vendo las margaritas, llevo el ramo a casa». En este rechazo hay toda una filosofía. Barto muestra que hay cosas que no tienen precio. Las margaritas no son un bien, son alegría, son un recuerdo del campo, un trozo de libertad que el niño trajo a la ciudad. Y no está dispuesto a cambiarlo por dinero.
Los críticos han señalado que este poema explora el tema del choque entre la naturaleza y la vida urbana. Las margaritas, que simbolizan la belleza y la pureza natural, «corren por el campo», indicando su libertad e independencia de la agitación de la ciudad. Y el niño que lleva este ramo por Moscú se convierte en un puente entre dos mundos. Él es el guardián de esta belleza, y no permite que se ensucie con una oferta mezquina.
En el poema «Corren las margaritas por el campo», la margarita actúa como símbolo de todo lo auténtico, no contaminado, libre. No requiere cuidado, no se esconde, no se disfraza. Simplemente está. Y el niño que lo entiende resulta más sabio que el «tío» adulto, que ve solo el precio. Barto en este poema plantea una pregunta importante para la literatura infantil: ¿qué es la verdadera valoración? Y responde a ella simplemente y claramente: lo que se hace con el alma, lo que trae alegría, lo que está relacionado con la naturaleza y la libertad, no se puede vender.
Curiosamente, Barto colocó este poema en una sección que ella misma consideraba filosófica. Los nombres de los poemas en esta colección —«Conciencia», «Solitario», «Envidia», «Sobre la humanidad»— hablan por sí solos. Barto no tenía miedo de hablar con los niños sobre cosas complejas, y la margarita en este grupo se convierte no solo en una flor, sino en un faro moral.
«Corren las margaritas por el campo» no es el único poema en el que Barto se refiere a este imagen. En la colección «Traducciones del niño» hay un poema titulado «La vaso orgulloso», donde la margarita aparece en un contexto inesperado. En él, el vaso, lleno de altivez, se queja de que se pusieron claveles en él: «No soy para tal flor!». Afirma que ama los lis y merece rosas. Pero el estudiante le hace una pregunta razonable: «¿Las margaritas, ¿no son dignas para usted?». Y el vaso recibe una respuesta digna: «Extraños hábitos tienen las vasos!».
Aquí la margarita nuevamente actúa como símbolo de humildad y verdadera belleza, que no necesita marcos pomposos. El vaso orgulloso, que se considera una aristócrata, resulta humillado. La margarita, que considera indigna, es en realidad superior a esta vanidad. Barto nuevamente dice que la verdadera valoración no está en el brillo externo, sino en la simplicidad y la naturalidad.
En el poema «La botánica enferma» la margarita no aparece directamente, pero todo el argumento se construye alrededor de una lección de botánica en la escuela. Los niños se alegran de que la maestra se enferme y se cancele la lección, pero luego los atormenta la conciencia. Este poema es sobre otra cosa, pero muestra que Barto generalmente se refiere a la naturaleza y las plantas en el contexto de la percepción infantil. Y la margarita, como la flor de campo más reconocible, se ajusta naturalmente a este grupo.
Agnia Barto no tiene un poema que se llame simplemente «Margarita». Pero el imagen de esta flor pasa a través de su poesía como una tema transversal. La margarita de Barto siempre es sobre libertad, sobre elección, sobre la capacidad de ver la belleza en lo simple y no venderla por dinero. Esta flor se opone a la agitación urbana, a la codicia y la altivez. Es la voz de la naturaleza, que escucha el corazón infantil sensible.
Barto no era un impresionista, no escribió descripciones largas de la naturaleza. Sus poemas siempre son un argumento, siempre un diálogo, siempre una pequeña historia con moraleja. Y en estas historias la margarita no es solo un adorno, sino un participante pleno de acción. Ayuda al niño a hacer una elección, coloca en su lugar al vaso orgulloso, recuerda al adulto de que no todo se mide con dinero.
Quizás por eso los poemas de Barto sobre las margaritas son tan recordados. No hay pompa, no hay metáforas complejas. Hay simplicidad, que es la fuerza principal. Como y la margarita misma.
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