Las teorías clásicas del comportamiento de la multitud (G. Le Bon, G. Tarde, S. Moscovici) subrayan su irracionalidad, la desindividualización y la tendencia a las acciones destructivas. Sin embargo, las investigaciones modernas de la psicología social y las neurociencias demuestran que en la multitud pueden manifestarse igualmente poderosas formas de altruismo: ayuda desinteresada a desconocidos en condiciones de alta anonimidad y estrés. Este fenómeno representa un paradigma: el entorno, considerado como un caldo de cultivo para la agresión, se convierte en catalizador del heroísmo. El altruismo en la multitud no es una excepción, sino una propiedad sistémica que surge al enfrentarse a precondiciones biológicas, contexto social y circunstancias extremas.
El mecanismo clave que explica los impulsos altruistas en la multitud es la reacción empática, que tiene una base neurobiológica en el ser humano.
Neurones espeluznantes y la circunvolución insular. Al observar el sufrimiento de otra persona, se activan las mismas redes neuronales que en la experiencia personal del dolor (circunvolución insular anterior, corteza cingulada anterior). En la multitud, donde las emociones se transmiten no verbalmente a través de la mimica, las posturas, los gritos (infección emocional), esta activación puede ser especialmente fuerte y instantánea. La multitud no «despersonaliza» en ese momento, sino que, por el contrario, hiperpersonaliza el dolor ajeno, haciendo que sea físicamente perceptible.
Oxitocina y dopamina. La situación de estrés en la multitud puede provocar la liberación de oxitocina — un neuropeptido relacionado no solo con el apego, sino también con el aumento de la confianza y la disposición a la cooperación en condiciones de amenaza externa. Al mismo tiempo, el acto de ayudar activa el sistema de recompensa (estriado ventral), liberando dopamina. De esta manera, el cerebro «recompensa» al individuo por la acción prosocial incluso en un entorno caótico.
Curioso hecho: Un estudio realizado después de los atentados del maratón de Boston en 2013 mostró que a pesar de las expectativas de huida en pánico, muchos testigos se lanzaron inmediatamente a ayudar a los heridos, a menudo arriesgando su propia seguridad. El análisis del comportamiento reveló que los primeros reactores eran a menudo personas con experiencia en entornos de alto riesgo (militares, médicos), cuyas redes neuronales de respuesta al crisis ya estaban «entrenadas».
El experimento clásico de Darley y Latane (el fenómeno del «observador externo») mostró: cuanto más personas están presentes en una situación de emergencia, menos probable es que alguien ofrezca ayuda, debido a la difusión de la responsabilidad (distribución de la culpa entre todos) y el influjo social (el inacción de los demás se percibe como una señal de que no se necesita ayuda).
Sin embargo, en situaciones reales, altamente emocionales y peligrosas en la multitud, este efecto puede ser superado:
Identificación clara de la víctima y claridad de la situación. Cuando la persona que sufre es bien visible y su necesidad es evidente («la persona se cayó, tiene sangre»), la incertidumbre cognitiva disminuye. La multitud no «se congela», sino que se moviliza.
Formación de un equipo de rescate en el lugar. Una persona iniciativa que comienza a actuar elimina instantáneamente la difusión de la responsabilidad para los demás. Sus acciones se convierten en una norma social para el microgrupo dentro de la multitud. Se produce una cooperación inmediata de extraños, unidos por un objetivo común.
Redefinición de la identidad social. En el momento de la catástrofe (ataque terrorista, catástrofe natural), las identidades de «fanático», «turista», «pasajero» se reemplazan por una más general — «víctima» o «rescatador». Esto crea un fuerte sentido de comunidad («somos todos en el mismo barco») y refuerza la ayuda mutua.
Ejemplo: Durante la inundación en Krymsk en 2012, los residentes locales, que se encontraban en una situación desesperada, salvaron a vecinos y desconocidos con sus botes y medios flotantes, formando escuadrones de rescate espontáneos. La multitud en condiciones de catástrofe a menudo muestra no el caos, sino una autoorganización emergente.
Normas culturales. En sociedades con un alto grado de colectivismo (por ejemplo, en Japón), el comportamiento prosocial en la multitud es más esperado y regulado por instintos internos de armonía grupal. Después del terremoto de 2011 en Japón, se observaron ejemplos sorprendentes de organización y ayuda mutua en enormes filas por comida y agua, sin pánico y sin agresión.
Líder carismático. En la multitud puede aparecer espontáneamente una figura que asume la coordinación (gritando «Soy médico, necesito a dos hombres!»). Esta persona interrumpe el ciclo de incertidumbre y proporciona a los demás una clara función, transformando la masa pasiva en una red de rescate activa.
Nivel de amenaza. Paradojalmente, una amenaza moderada puede aumentar el altruismo (mobilización de recursos), mientras que una amenaza extrema y pánicoica puede suprimirlo (activando el régimen de supervivencia «lucha o huida»).
Desde el punto de vista de la psicología evolutiva, el altruismo en la multitud puede considerarse como una manifestación de mecanismos afilados para la supervivencia del grupo.
Altruismo recíproco (R. Trivers): En condiciones de interacción cercana (como en la multitud), ayudar a un desconocido puede ser una inversión instintiva en un futuro intercambio — «hoy te ayudo, mañana tú o tu descendencia me ayudarán o a mí».
Selección en el nivel del grupo: Los grupos en los que se difunden la cooperación y la ayuda mutua en situaciones críticas tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse que los grupos en los que cada uno actúa por su cuenta. El altruismo espontáneo en la multitud puede ser un rastro de este antiguo instinto grupal.
El altruismo en la multitud desmiente el mito simplista de la «masa irracional». Muestra que incluso en condiciones de anonimidad y estrés, la psique humana mantiene la capacidad de empatía, el aprendizaje social rápido y la cooperación. Este estado es el resultado de una interacción compleja:
Reacción neurobiológica automática a la dolor ajeno.
Conmutación psicológica social de la difusión a la aceptación de la responsabilidad.
La multitud, por lo tanto, no solo actúa como una fuente potencial de peligro, sino también como un almacén de solidaridad espontánea. Su comportamiento no es un escenario predefinido, sino un sistema dinámico donde el acto altruista de una persona puede convertirse en un disparador para la transformación de toda la multitud de un conglomerado pasivo en una comunidad activa de rescatadores. Esto testifica del potencial profundamente arraigado en la naturaleza humana para la prosocialidad, que en el momento crítico puede superar los impulsos egoístas.
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