El sistema de pagos monetarios regulares a las familias con hijos hasta la mayoría de edad (o hasta los 18-25 años) es una de las medidas más directas y significativas de la política familiar del estado. En la literatura científica y la práctica política, estos pagos se clasifican comúnmente como prestaciones infantiles universales (incondicionales) o categoriales, en contraste con las prestaciones puntuales o la ayuda dirigida exclusivamente a las familias de bajos recursos. Su objetivo principal es compensar parte de los gastos directos de cuidado de un niño y reducir el nivel de pobreza infantil, reconociendo la educación de los niños como una inversión en la reproducción social y el desarrollo económico futuro.
Suecia y Finlandia son ejemplos paradigmáticos. Aquí, la prestación por hijo (Barnbidrag en Suecia, Lapsilisä en Finlandia) se paga mensualmente a cada niño desde el nacimiento hasta los 17 años. Es universal y gravable, es decir, se paga a todas las familias independientemente de sus ingresos. En Suecia, su tamaño es aproximadamente 1250 coronas suecas (aproximadamente €110) al mes. Sin embargo, la singularidad del modelo escandinavo radica en su flexibilidad: existen suplementos para familias con múltiples hijos (el pago aumenta para el tercer y siguientes hijos), para niños con discapacidad, y una prestación separada para los cuidadores. La filosofía se basa en que el estado comparte la responsabilidad con los padres, considerándola un derecho básico de la familia.
Noruega complementa esta modelo con un instrumento financiero interesante: la prestación para padres solteros (Særtillegg til enslig forsørger), que es significativamente mayor que la estándar y subraya el apoyo especial a esta categoría.
En Alemania, el sistema combina varios elementos. El elemento clave es el Kindergeld, las asignaciones familiares, que se pagan mensualmente a cada niño hasta los 18 años. Si el niño continúa estudiando, las prestaciones se prorrogan hasta los 25 años. El tamaño de la prestación es progresivo: aproximadamente €250 para el primer y segundo hijo, €260 para el tercero, €300 para el cuarto y siguientes. Curiosamente, el Kindergeld a menudo actúa como una alternativa a la deducción fiscal por hijo (Kinderfreibetrag): el estado proporciona automáticamente a la familia la forma de apoyo que es más ventajosa financieramente.
Austria tiene un sistema similar con la prestación Familienbeihilfe, pagada hasta los 24 años bajo condiciones de estudio o hasta los 25 años para los que realizan el servicio alternativo.
El sistema francés se considera uno de los más generosos y complejos del mundo, reflejando una fuerte política pronatalista (orientada a aumentar la natalidad). La prestación básica (Allocations familiales) se paga a las familias con dos o más hijos hasta los 20 años (bajo ciertas condiciones). Su tamaño depende del ingreso familiar y del número de hijos, aumentando progresivamente. Por ejemplo, una familia con tres hijos recibe significativamente más que una familia con dos. Existen también suplementos para niños mayores de 11 y 16 años, prestaciones para el comienzo del año escolar (Allocation de rentrée scolaire) y muchas otras prestaciones especializadas. Este sistema está orientado no solo a apoyar los gastos actuales, sino también a estimular activamente el nacimiento de terceros y siguientes hijos.
Japón y Corea del Sur, enfrentados a un colapso catastrófico en la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población, están implementando y expandiendo activamente sus sistemas de apoyo.
En Japón, la prestación por hijo (Jidō teate) se paga hasta el final de la escuela secundaria (aproximadamente hasta los 15 años) y en algunos municipios hasta más allá. Desde 2023, ha habido una liberalización significativa: la prestación ahora se paga a niños de familias con ingresos altos, a los que anteriormente no se les otorgaba, lo que marca el paso a un modelo más universal en respuesta al desafío demográfico.
Corea del Sur se centra en las prestaciones únicas al nacer (hasta varios decenas de millones de wones dependiendo de la región) y las prestaciones mensuales, que ahora se pagan a cada niño hasta los 7 años, y desde hace poco se está discutiendo su prórroga hasta los 18 años. Este es un ejemplo claro de una política rápidamente evolucionando en condiciones de crisis demográfica aguda.
Países postsoviéticos: Combinación del legado soviético y nuevos enfoques
Polonia ha implementado desde 2016 el programa emblemático «Rodzina 500+», que prevé el pago de 500 zlotys (aproximadamente €110) mensualmente al segundo y cada hijo adicional hasta los 18 años. El programa inicialmente no estaba sujeto a verificación de necesidad y llevó a una reducción significativa de la pobreza infantil, convirtiéndose en políticamente muy popular.
En Rusia, el sistema es multifacético. Además de la prestación mensual para familias de bajos recursos (hasta los 16-18 años con posibilidad de prórroga), desde 2018 se han introducido pagos mensuales del capital por hijo para el segundo hijo hasta los 3 años (dentro del umbral de pobreza infantil). También existen pagos regionales adicionales, que a menudo prorrogan el apoyo hasta los 16-18 años. Después de 2022, el sistema se amplió con muchas nuevas prestaciones al nacer del primer y siguientes hijos, parte de las cuales también tienen un carácter prolongado.
Cambio hacia la universalidad: En muchos países (Canadá, varios regiones de Japón) se observa un cambio de la verificación de necesidad a pagos más universales, lo que reduce la estigmatización y los costos burocráticos, y asegura el apoyo al estrato medio.
Prórroga de la edad: La edad clásica de 16-18 años se extiende cada vez más hasta los 23-25 años bajo condiciones de continuación de estudios, lo que refleja la prolongación del período de dependencia económica de la juventud.
Demografía como motor: En países con baja natalidad (Hungría, Polonia, Corea del Sur, Japón) el tamaño y la duración de las prestaciones están creciendo rápidamente, convirtiéndose en una herramienta clave de política demográfica.
Efectividad: Numerosos estudios, incluyendo trabajos de la OCDE, muestran que las transferencias monetarias sostenidas y predecibles a las familias con hijos son uno de los instrumentos más efectivos en la lucha contra la pobreza infantil y la mejora de la salud, la nutrición y los resultados educativos de los niños.
Por lo tanto, las prestaciones infantiles a largo plazo no son simplemente ayuda social, sino una inversión estratégica en capital humano y la sostenibilidad demográfica. Su difusión y diseño dependen directamente del contexto socioeconómico, los objetivos demográficos y los valores políticos del estado en cuestión.
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