Introducción: Una mirada desde afuera y desde adentro
Pitirim Alexandrovich Sorokin (1889-1968) — sociólogo ruso-estadounidense, fundador de la cátedra de sociología en Harvard, analizó la dinámica de EE. UU. y la URSS desde una posición única: como persona profundamente familiarizada con la cultura y la historia rusa y como científico destacado del establishment estadounidense. Sus obras clave sobre este tema son "Rusia y Estados Unidos" (1944), "Dinámica social y cultural" (1937-1941), así como una serie de artículos posteriores a la guerra. Sorokin aplicó su teoría integral y la concepción de tipos socioculturales, saliendo del marco de la retórica bipolar de la Guerra Fría.
Lo común en el desarrollo: convergencia a nivel fundamental
En pleno conflicto ideológico, Sorokin realizó un análisis audaz para su tiempo: señaló las profundas similitudes entre dos sistemas que determinaban una posible convergencia (convergencia).
El imperativo tecnológico: Ambos países, independientemente de la ideología, estaban orientados al progreso científico y tecnológico, la industrialización y la organización racional de la producción. Sorokin vio en esto una manifestación de una cultura sensitiva común en la Nueva Época, donde el progreso material y el confort son los valores más altos.
La secularización y el debilitamiento del principio religioso: En EE. UU., la religión se mantenía formalmente, pero, según Sorokin, también se secularizaba, convirtiéndose en parte de un "ritual social". En la URSS, este proceso se llevó a su conclusión lógica en la forma del ateísmo estatal. Ambos sociedades se movían hacia un modelo secular.
Cultura de masas y estandarización: Sorokin fue uno de los primeros en notar tendencias similares en la creación de cultura de masas (películas de Hollywood y cine soviético, música popular), dirigida al entretenimiento y la formación de estándares conductuales.
Megalomanía y ingeniería social: Proyectos a gran escala (la colonización del Oeste salvaje y la целина, la construcción de fábricas gigantescas, las grandes obras como la Hidroeléctrica Dniepr y las presas del Tennessee) demostraron una fe común de ambas naciones en la posibilidad de transformar la naturaleza y la sociedad mediante métodos ingenieriles.
Lo particular: La chispa ideacional vs. La madurez sensible
La principal diferencia que Sorokin vio no estaba en la economía, sino en el tipo dominante de cultura (según su clasificación: ideacional, sensible, idealista).
La URSS como "mutación" de cultura ideacional: Consideró el proyecto soviético como una tentativa utópica de crear un nuevo tipo de sociedad basada en una ideología racionalmente construida (marxismo-leninismo). Esta ideología pretendía ser una "religión secular", ofreciendo una visión integral del mundo, el sentido de la vida y la promesa de un paraíso en la Tierra (el comunismo). De esta manera, la URSS, a pesar de su retórica materialista, tenía rasgos de cultura ideacional, donde la idea es la mayor valor. Sin embargo, esta idea no era religiosa, sino quasireligiosa, lo que hacía al sistema internamente contradictorio.
EE. UU. como el apogeo de la cultura sensible: Según Sorokin, la sociedad estadounidense ha alcanzado la forma más madura y pura de cultura sensible. Sus valores básicos son el éxito material, el utilitarismo, el hedonismo, el pragmatismo. Las ideologías aquí tienen un carácter instrumental, no totalitario. La libertad en EE. UU. se entiende principalmente como la libertad de alcanzar bienestar sensibles (material).
Perspectivas de interacción: del conflicto al synthesis
Los pronósticos de Sorokin, realizados en los años 40 y 50, fueron sorprendentemente profundos:
La inevitabilidad de la mitigación del conflicto: Consideraba que la fase aguda del conflicto disminuiría con el tiempo no solo debido al miedo a la guerra nuclear, sino también debido a la transformación interna de ambos sistemas. La URSS, según su opinión, estaría obligada a suavizar la presión ideológica y prestar más atención a las necesidades materiales de las personas, mientras que EE. UU. se enfrentaría a una crisis de cultura sensible (aumento de la criminalidad, anomia, vacío existencial).
La concepción de "límites": Cada sistema, llevado al extremo, descubre sus límites. El idealismo radical de la URSS lleva a la estagnación y la ineficiencia, el materialismo radical de EE. UU. a un crisis moral. Esto crea las condiciones para el intercambio mutuo: la URSS adopta elementos de la eficacia del mercado, EE. UU. elementos de protección social y búsqueda espiritual.
El nacimiento de un tipo integral: A largo plazo, Sorokin predijo un movimiento hacia un nuevo tipo integrativo sociocultural, que sintetiza el materialismo saludable del Occidente y las aspiraciones espirituales (que esperaba ver renacidas en Rusia en una nueva base). Creía que Rusia, después de la tragedia del totalitarismo, podría dar al mundo nuevos impulsos espirituales.
Ejemplos y hechos de las obras de Sorokin:
En el libro "Rusia y Estados Unidos" (1944), escribió directamente: "Ambos países son gigantes jóvenes, llenos de energía... Sus intereses principales no son incompatibles". Señalaba la falta de disputas territoriales históricas y la similitud en la "psicología de los pioneros".
Analizando el heroísmo durante la Segunda Guerra Mundial, Sorokin vio en los héroes soviéticos no solo el resultado de la propaganda partidaria, sino también una manifestación de amor altruista — concepto clave de sus obras posteriores, que consideraba una fuerza salvadora para la humanidad.
En las conferencias de los años 1950, advirtió que si EE. UU. redujera toda su política exterior a una "cruzada" contra el comunismo, corría el riesgo de convertirse en un "reflejo" del enemigo, perdiendo sus ideales democráticos.
Conclusión: Profeta de la convergencia y la renovación espiritual
Sorokin propuso no solo un análisis comparativo, sino una modelos macrosociológico del desarrollo histórico, en el que EE. UU. y la URSS actuaron como dos versiones poderosas pero unilaterales de la modernidad. Su pronóstico sobre la mitigación mutua y el intercambio de elementos se cumplió en gran medida durante el período de desarme y el tardío USSR (época de las reformas cosыгин, y luego la perestroika), y la crisis de la cultura sensible en el Occidente se volvió evidente desde los años 1960. Sin embargo, sus esperanzas de la aparición rápida de un synthesis espiritual y material integral siguieron siendo una utopía. Sin embargo, su análisis sigue siendo una de las explicaciones más profundas del por qué la Guerra Fría no terminó en un conflicto total: porque bajo la cáscara ideológica, en ambas superpotencias, luchaban procesos sociales y culturales muy similares de la era moderna. Su legado es un llamado a ver detrás de las confrontaciones políticas las profundas olas de la dinámica sociocultural.
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