El fútbol es un mundo de pasiones. Pero para algunos aficionados, la pasión se convierte en ira, y la ira en guerra. En todo el mundo existen grupos ultras, para quienes apoyar a su equipo no es cantar canciones, sino pelear con cuchillos, tiroteos e incluso guerras urbanas con la policía. Los aficionados más belicosos no solo aman a su equipo, sino que viven bajo un código de honor donde la sangre del oponente (fanático de otro club) es un trofeo. ¿Quiénes son estos hombres? ¿De dónde viene tal agresión? Y por qué el fútbol se convirtió en un campo de batalla para ellos, y no un juego?
En Argentina, a los hooligans se les llama "barra brava". No son grupos espontáneos, sino estructuras mafiosas bien organizadas. Controlan la venta de entradas, estacionamientos, e incluso influencian la elección de jugadores y entrenadores. Las organizaciones más conocidas son las de los clubes "Boca Juniors" ("La 12") y "River Plate" ("Los Borrachos del Tablón"). Su enfrentamiento ha costado decenas de vidas. En 2026, los enfrentamientos continúan, a pesar de los cordones de seguridad policiales. Los bares argentinos atacan con cuchillos, utilizan piedras y cócteles molotov. Los casos mortales son comunes. La policía a menudo es impotente, ya que los ultras están relacionados con el narcotráfico y políticos corruptos. Para ellos, el fútbol es solo una excusa para mostrar poder y vengarse.
Los ultras italianos son la clásica violencia del fútbol. Grupos como "Commando Ultrà Curva Sud" (Milán), "Irriducibili" (Lazio) y "Viking" (Juventus) son conocidos por su brutalidad. En los años 1980-1990, tomaron cautiverio al fútbol italiano: peleas en los estadios, invasiones al campo, asesinatos de policías. Después del trágico accidente en el estadio "Heysel" (1985, 39 aficionados del Juventus murieron) y la muerte del policía Filippo Raciti (2007), las autoridades endurecieron las leyes. Pero los ultras se adaptaron: utilizan una violencia "inteligente" - golpean en la multitud, ocultan sus rostros bajo balaklavas. Muchos grupos están relacionados con movimientos políticos extremistas: "Lazio" con neofascistas, "Livorno" con comunistas. En 2026, el gobierno italiano sigue luchando contra ellos, pero los ultras siguen siendo una fuerza que incluso los carabineros temen.
Los aficionados turcos son conocidos por su furia desenfrenada. Grupos como "Karşıyaka" y "Çarşı" (Beşiktaş), así como los aficionados de "Galatasaray" ("ultrAslan") y "Fenerbahçe" ("Kill For You"), organizan regularmente disturbios. El enfrentamiento entre "Fenerbahçe" y "Galatasaray" no es solo un derbi, sino una batalla entre dos distritos de Estambul. Se utilizan cadenas, palos, cuchillos, a veces armas de fuego. En 2024, una pelea antes de un partido costó tres vidas. La policía turca utiliza gas lacrimógeno y cañones de agua, pero los ultras, vestidos de negro, atacan desde los tejados y callejones. Su característica distintiva es que no temen morir. Motivados por el nacionalismo y la religión, muchos se consideran "guerreros por el club", casi como combatientes del yihadismo.
Los ultras griegos son uno de los más peligrosos de Europa. Grupos como "Gate 7" (Olympiacos), "Gate 13" (Panathinaikos) y "Sambocka" (AEK) no se quedan atrás de los italianos. Utilizan armas blancas y explosivos. El enfrentamiento entre Olympiacos y Panathinaikos se ha convertido en una guerra en la que murieron decenas de aficionados. Grecia también es conocida por las "bandas de asesinos" - grupos que atacan a la policía. En 2025, los aficionados de PAOK organizaron una masacre en Salónica, lanzando piedras a un autobús con jugadores de Aris y quemando varios coches. El gobierno cierra los estadios, pero los partidos se trasladan a campos neutrales. Sin embargo, los ultras encuentran formas: acuerdan combates en la ciudad, en bosques, donde la policía es impotente.
Los aficionados polacos y serbios ya no son solo hooligans, sino grupos militarizados organizados. En Polonia, grupos como "Legia" ("Brigada de Hierro"), "Widzew" y "Śląsk" utilizan técnicas de combate profesionales: inteligencia, emboscadas, coordinación por radio. Batallas de 100-200 personas son comunes. En Serbia, "Grobaci" (Partizan) y "Delije" (Crvena Zvezda) son conocidos por su brutalidad y graban combates en video. Su arsenal incluye cuchillos, puñales, bates de béisbol, balones de gas. Después de los partidos, organizan marchas por las calles de Belgrado, coreando lemas nacionalistas. En 2026, la policía polaca creó un escuadrón especial para combatir a los hooligans, pero en Serbia los ultras tienen influencia en los políticos y prácticamente no son molestados.
Los hooligans rusos ("okolofutbolka") se hicieron conocidos en el mundo después de la Eurocopa 2016 en Francia, donde organizaron disturbios en Marsella. Su enfoque es "emboscadas" y "catas" (duras peleas con rivales). Grupos como "Spartak" ("Fratia"), CSKA ("Yarovka"), "Zenit" ("Rojo-Azul"), "Lokomotiv" ("Kuzmichi") tienen una estricta jerarquía, códigos de ropa y entrenamientos en artes marciales. La principal diferencia con los ultras italianos es el desprecio por las armas blancas. Luchan a puño limpio, pero a menudo utilizan armazones. En la década de 2020, la policía logró calmar un poco a los aficionados rusos, pero los enfrentamientos continúan, especialmente en derbis. Después del inicio de las acciones militares y la exclusión de Rusia de los torneos internacionales, la actividad disminuyó, pero las peleas internas no se cancelaron.
Las razones son sociales y psicológicas. Pobreza, falta de perspectivas, sensación de impotencia frente a las autoridades, todo esto se desborda en agresión en las gradas del fútbol. Los grupos ultras dan un sentido de familia, de hermandad, donde uno se convierte en alguien. Los rituales, la uniformidad común, las reuniones secretas son un sustituto del ejército. Además, la impunidad: en muchos países, la policía cierra los ojos o está demasiado corrompida para combatir a los líderes de los fanáticos. Internet también fomenta el odio: los videos de peleas acumulan millones de vistas, y los jóvenes aficionados buscan la gloria.
Las asociaciones de fútbol y la UEFA están tomando medidas: cierre de estadios, sanciones a los clubes, prohibición de la salida de aficionados. En 2026, se introdujo en Inglaterra un sistema de "pasaporte del aficionado" con biometría. Sin embargo, en países con una economía mala, la violencia solo aumenta. Mientras el fútbol siga siendo un escape para la agresión y la policía no aprenda a trabajar con grupos de riesgo, los aficionados belicosos no desaparecerán. Tal vez el humanismo debe entender: el fútbol es un juego, no un campo de batalla. Pero por ahora, los estadios del mundo siguen siendo lugares donde la sangre fluye al mismo ritmo que la adrenalina.
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