Henri Rousseau, «El Aduana», pintaba selvas, tigres, sueños. Pero hay una pintura suya que se destaca de su exotismo. «Los Futbolistas» (1908) es un lienzo donde cuatro jugadores en camisetas a rayas se mantienen en posturas inusuales en un campo verde. Detrás, hay árboles, dos globos aerostáticos de color pálido azul y techos urbanos. Esta es una de las obras más misteriosas y naivas del artista. ¿Por qué Rousseau, que nunca se interesó por el deporte, pintó de repente fútbol? Y qué quería decir? Vamos a observar.
En 1908, Rousseau tenía 64 años. Ya había pintado «La Gitana Durmiente» y «Tormenta Tropical», pero hasta entonces no había recibido reconocimiento amplio. La pintura «Los Futbolistas» no fue encargada. El artista simplemente vio en las calles de París a niños jugando al balón y se inspiró. Nunca jugó al fútbol, no conocía las reglas. Tal vez lo que lo atrajo fue la dinámica: figuras corriendo, un balón, tensión. Pintó la pintura para el Salón de los Independientes, donde exponía anualmente. Los críticos, como de costumbre, se rieron: «torpe, proporciones infantiles, sin perspectiva». Pero Picasso y Apollinaire, amigos de Rousseau, estaban encantados.
En primer plano, hay cuatro jugadores en forma: dos en camisetas a rayas rojo y blanco, dos en azul oscuro. Un balón, parecido a una naranja madura, está a los pies de uno de ellos. Las figuras están dibujadas de manera plana, sin volumen, sus piernas son excesivamente delgadas, las posturas son extrañas: uno está a punto de golpear, otro corre extendiendo las manos, el tercero está en una media sentada. Las manos de los jugadores parecen ramas, las caras máscaras. En el fondo, hay árboles altos, parecidos a decoraciones, y dos globos aerostáticos. A la izquierda y derecha, edificaciones que recuerdan a gradas, pero vacías. El cielo es de un azul pálido. Todo recuerda a un sueño, no a un partido real.
Rousseau no conocía las reglas de la perspectiva. Las figuras en el fondo son del mismo tamaño que en el frente. Los árboles son demasiado rectos, como juguetes. El balón flota, no está en el suelo. La falta de sombras crea una ilusión de flotación. Pero en esta «incapacidad» y reside la magia: la pintura se percibe como una visión, como un sueño que ve una persona que nunca ha estado en un partido de fútbol. Esto no es deporte, sino un rito en un bosque encantado.
Los eruditos del arte suponen que Rousseau retrató no jugadores reales, sino «personas jugando» como arquetipo. Las formas a rayas recuerdan a trajes de payaso. Tal vez el artista quería mostrar la absurda naturaleza de la competencia: las personas corren tras el balón como marionetas. Los dos globos aerostáticos en el fondo simbolizan el vuelo, el sueño de volar. El contraste entre el juego terrenal y las bolas celestes. También se ha sugerido que es una parodia de las batallas políticas (1908 fue un año turbulento en Francia).
«Los Futbolistas» es un ejemplo claro de arte naïf. Rousseau no persiguió el realismo, creó un mundo condicional. En esto, sus pinturas se asemejan al arte de los niños o a los folletines populares. Los artistas modernos-avantgardistas (cubistas, futuristas) se inspiraron en su valentía, ya que Rousseau ignoraba todos los cánones. En «Los Futbolistas» hay algo de las estatuas egipcias estáticas: las figuras están congeladas, el ritmo de los gestos repetitivos.
«Los Futbolistas» se encuentran en el Museo Solomon R. Guggenheim en Nueva York. Tamaño: 105 x 97 cm. La pintura fue adquirida en 1945 a través del fondo Justine Guggenheim. Hoy en día es una de las obras más reconocidas de Rousseau, que a menudo se reproduce en libros de historia del arte. Puede verse en la sala de arte naïf.
La imagen de «Los Futbolistas» se ha utilizado en publicidad de artículos deportivos, parodiada en series de televisión (Los Simpson). El grupo de rock inglés «The Police» usó una paleta de colores similar para la portada. La pintura se convirtió en un ícono de la visión naïf del deporte. Muestra que el fútbol puede ser no solo un espectáculo, sino también un enigma surrealista.
«Los Futbolistas» de Henri Rousseau no es una crónica deportiva, sino una poema. Nos enseña que lo familiar puede verse de nuevo si se observa con los ojos de un niño o un loco. Y en esto reside su valor eterno.
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