En 1940, Francia cayó en seis semanas. Los tanques alemanes pasaron por los Campos Elíseos y en las torres de París, en lugar de los banderas azul, blanco y rojo, ondearon banderas con swástica. Parecía que junto con la república, también cayó su gran lema: «Liberté, Égalité, Fraternité». Los ocupantes hicieron todo lo posible para arrancar estas palabras de la memoria de los franceses. Pero se equivocaron. Precisamente durante la Segunda Guerra Mundial, este lema, nacido en las llamas de la Revolución Francesa de 1789, obtuvo una nueva, trágica y heroica vida. Dejó de ser simplemente una declaración para convertirse en bandera de lucha, símbolo de esperanza y contraseña para aquellos que no se rindieron.
«Liberté, Égalité, Fraternité» (Libertad, Igualdad, Hermandad) no son simplemente palabras bonitas. Son los tres pilares sobre los que se asienta la República Francesa. El lema nació en el fuego de la Gran Revolución Francesa, se consolidó en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y se convirtió en lema oficial de la república en 1792. Sin embargo, su historia también conoció períodos de olvido. El lema fue cancelado durante los años de la Segunda República y en otras épocas de reacción abierta. Pero el más difícil de todos fue la ocupación alemana-fascista de Francia de 1940-1944. Los ocupantes entendían perfectamente la fuerza de estos tres palabras. No podían permitir que los franceses recordaran la libertad, la igualdad y la hermandad mientras ellos mismos vivían en esclavitud, la desigualdad y el odio.
El enfrentamiento simbólico de dos ideologías se manifestó claramente en la frontera entre Francia y Alemania. Como recordaba el conocido historiador Anatolij Utkin, cuando Winston Churchill visitó la frontera sobre el Rin, vio un contraste sorprendente. En el lado francés colgaba un cartel gigante con la inscripción: «Libertad, Igualdad, Hermandad». En el lado alemán, otro cartel: «Un pueblo, un Reich, un Führer». Estos dos lemas se enfrentaban uno al otro como dos mundos irreconciliables. Uno, el mundo del digno ser humano, el otro, el mundo del totalitarismo. El lema francés se convirtió en un desafío a la ideología nazi, un recordatorio de que incluso bajo la yuga del ocupante, el espíritu de libertad no muere.
En los años de ocupación, los dos primeros términos del lema, «Libertad» y «Igualdad», fueron, en esencia, robados a los franceses. Los alemanes tomaron la libertad, pisotearon la igualdad, estableciendo un régimen de supremacía racial. Pero hubo una palabra que no pudieron prohibir. Esa palabra fue «Hermandad». La famosa participante francesa en la Resistencia, Lucie Aubrac, una de las heroínas de la lucha clandestina, dijo: «Los alemanes nos tomaron la libertad y la igualdad, pero no pudieron prohibir la hermandad». En estas palabras está toda la esencia de la Resistencia francesa. Cuando el Estado cayó y las leyes dejaron de actuar, fue la hermandad, la solidaridad, la ayuda mutua, la disposición a arriesgar la vida por el otro, lo que se convirtió en el cemento que unió a la nación. Los clandestinos salvaban a los judíos, transportaban refugiados a través de la frontera, difundían periódicos ilegales. Y lo hacían no por recompensa, sino porque se consideraban hermanos.
La frase de Aubrac no fue simplemente una metáfora bonita; se convirtió en una guía de acción para miles de franceses que, arriesgando sus vidas, escondían refugiados, transmitían información de inteligencia y participaban en sabotajes. La hermandad bajo la ocupación se convirtió en una forma de resistencia que los ocupantes no pudieron suprimir. Podían arrestar, torturar y fusilar, pero no podían prohibir que las personas se ayudaran mutuamente.
Movimiento de Resistencia en Francia, como en muchos otros países ocupados, se convirtió en una de las manifestaciones más brillantes de la lucha antifascista. Precisamente durante la guerra, el lema «Libertad, Igualdad, Hermandad» dejó de ser simplemente un lema oficial de la república. Se convirtió en un símbolo vivo que unía a personas de diferentes ideas políticas, desde los comunistas hasta los conservadores. A todos los unía un objetivo común: expulsar a los nazis y restaurar los valores republicanos.
No por casualidad, el 14 de julio de 1942, en Nueva York, salió un número del periódico clandestino «Resistencia» con un artículo titulado «Liberté, Egalité, Fraternité: France and the Jewish Problem in Combat». En pleno medio de la guerra, al otro lado del océano, los patriotas franceses recordaban al mundo que su lucha era por las mismas valores que alguna vez inspiraron a toda Europa.
Cuando en agosto de 1944 las fuerzas aliadas entraron en París y el general Charles de Gaulle caminó por los Campos Elíseos, el lema «Libertad, Igualdad, Hermandad» volvió a aparecer en los muros de los edificios estatales. Pero ahora sonaba de manera diferente. Había sido herido. Detrás de él se encontraban años de ocupación, torturas en la Gestapo, ejecuciones de rehenes y hazañas heroicas de los participantes en la Resistencia. El lema, que en los tiempos de la Tercera República a menudo se percibía como una formalidad, ahora adquirió un verdadero y sangriento significado.
Después de la guerra, la idea de que los tres palabras son inseparables se afianzó definitivamente. Libertad sin igualdad es una prerrogativa, igualdad sin libertad es esclavitud. Y la hermandad es lo que los une en un todo, haciendo de la república no solo un sistema político, sino una comunidad de personas solidarias.
Hoy, cuando decimos «Libertad, Igualdad, Hermandad», a menudo no nos detenemos a pensar en el camino que han recorrido estas palabras. Han sido testigos de revoluciones y restauraciones, imperios y repúblicas. Pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando pasaron la prueba de resistencia. Y resistieron. Este lema, formulado por el pueblo francés libre durante la lucha contra el absolutismo, hoy adquiere un nuevo significado en el contexto de las relaciones internacionales. Nos recuerda de que la libertad, la igualdad y la hermandad no son solo valores franceses. Son valores humanos, por los que lucharon personas de todo el mundo contra un enemigo común: el fascismo.
El lema «Libertad, Igualdad, Hermandad» sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial no como un objeto museístico, sino como un arma viva. Estaba en los carteles de la Resistencia, en las paredes de las cárceles, en las últimas páginas de cartas de despedida de los patriotas fusilados. Era lo que ayudó a sobrevivir cuando todo lo demás se había perdido. Y hoy, en un mundo donde vuelven a resonar llamados al odio y la división, estos tres palabras siguen siendo la más fuerte antídoto. Porque nos recuerdan: incluso en los momentos más oscuros, el hombre es capaz de mantener su dignidad humana si recuerda la libertad, cree en la igualdad y no traiciona la hermandad.
New publications: |
Popular with readers: |
News from other countries: |
![]() |
Editorial Contacts |
About · News · For Advertisers |
Mexican Digital Library ® All rights reserved.
2023-2026, ELIB.MX is a part of Libmonster, international library network (open map) Preserving the Mexican heritage |
US-Great Britain
Sweden
Serbia
Russia
Belarus
Ukraine
Kazakhstan
Moldova
Tajikistan
Estonia
Russia-2
Belarus-2