Søren Kierkegaard es un filósofo danés del siglo XIX que a menudo se considera el padre del existencialismo. Su obra principal, “Obligado u obligado”, escrita en 1843, sigue siendo uno de los textos más provocativos y profundos en la historia del pensamiento. Pero ¿qué quería decir con ese título? ¿Se trata realmente de una elección definitiva y una decisión determinante? ¿O, tal vez, de algo más complejo: una vida en la que nunca podemos estar seguros de que hemos elegido correctamente? Vamos a analizarlo sin pompa académica, pero con respeto al genio danés.
Para Kierkegaard, “obligado u obligado” no es simplemente una alternativa lógica. Es un desafío existencial. Ofrece al lector una elección entre dos formas principales de existir: la estética y la ética. El camino estético es una vida construida en torno al placer, la búsqueda de la belleza, la novedad, el placer. El camino ético es una vida basada en el deber, la moral, la responsabilidad, el matrimonio, la profesión. Pero el filósofo no dice que uno de ellos sea mejor. Dice que hay que elegir. Y esta elección solo puede hacerse mediante un “salto” — un acto de determinación personal que no puede ser justificado racionalmente.
“Obligado u obligado” no se trata de pesar todos los “pro” y “contra” y tomar la decisión óptima. Se trata de que el equilibrio racional es imposible cuando se trata de elegir un camino de vida. Porque no hay una escala objetiva que pueda comparar el placer y el deber. Kierkegaard afirma que la elección siempre es subjetiva, personal, siempre arriesgada. Y es precisamente en este riesgo donde radica su autenticidad.
En contraste con el mundo moderno, donde estamos acostumbrados a los compromisos y los synthesis, Kierkegaard insiste en la rigidez de la alternativa. No se puede vivir tanto en lo estético como en lo ético al mismo tiempo. No se puede ser tanto hedonista como moralista al mismo tiempo. Pronto o tarde tendrá que elegir. Esto no significa que la vida estética esté libre de moralidad, ni que la vida ética esté libre de placer. Pero sus fundamentos son diferentes. Y intentar combinarlos lleva a una vaciedad interna, a la falta de sinceridad consigo mismo.
Kierkegaard escribe que la mayoría de las personas viven en una “zona intermedia”, evitando la elección definitiva. No se atreven a tomar un “salto” radical porque requiere sacrificio, destruye la ilusión de seguridad. Por eso “Obligado u obligado” es más bien un libro sobre el valor de elegir que sobre la elección en sí. Llama a la determinación, no al análisis. Y aquí Kierkegaard se diferencia radicalmente de Hegel, que creía que la verdad nace del synthesis de las contraposiciones. Para Kierkegaard, el synthesis es una evasión. La verdad nace en el acto de la decisión personal.
El camino estético es una vida en la que la persona busca diversidad, impresiones, evita el aburrimiento. Puede ser el arte, los aventuras amorosas, los viajes, las aficiones intelectuales. Sin embargo, el esteta inevitablemente se enfrentará a la melancolía y el desencanto, porque el placer se desvanece rápidamente y lo nuevo requiere cada vez más. En este sentido, la vida estética es una vida en cautiverio de una búsqueda infinita que nunca lleva a la plenitud. Y aquí Kierkegaard es muy preciso: no condena al esteta, sino que muestra su dramatismo. El ejemplo más claro de esteta en el libro es la imagen del seductor, que disfruta del juego de los sentimientos, pero que al final se queda solo con el vacío.
La etapa estética no es solo sobre diversión. Es una tentativa de evitar la elección. El esteta puede ser inteligente, creativo, sensible. Pero evita la responsabilidad por su vida. No dice “yo elijo”, dice “yo pruebo”. Y es precisamente esta falta de finalidad lo que lo hace infeliz en el fondo, incluso si externamente tiene éxito.
La etapa ética es una elección a favor de la responsabilidad. Aquí la persona asume obligaciones: hacia la familia, hacia la sociedad, hacia sí misma. Se casa, construye una carrera, sigue principios morales. Esto ya no es la búsqueda del placer, sino el servicio a los valores. Kierkegaard no dice que la vida ética sea más sencilla o más agradable. Por el contrario, requiere esfuerzos constantes, autodisciplina, estar dispuesto a sacrificarse. Pero ofrece lo que el esteta no tiene: un sentido de integridad y coherencia.
Sin embargo, la etapa ética tampoco es el punto final. Kierkegaard reconoce que el hombre ético puede caer en el autoconocimiento, en la seguridad de que es “bueno”, que cumple con su deber. Y entonces surge una crisis que puede llevar a la tercera etapa: la religiosa. Pero esto ya sale de los límites de “obligado u obligado”. Porque para Kierkegaard, la religión no es solo la fe en Dios, sino una relación personal con el absurdo, con el paradoja que no se somete a la ética.
La idea clave de Kierkegaard es que la elección no garantiza el éxito. Al elegir, no sabemos a dónde nos llevará nuestra elección. Podemos elegir la vida ética y desmoronarnos. Podemos elegir la vida estética y quedarnos solos. Pero lo importante es otro: la elección nos hace nosotros mismos. Es precisely en el acto de elegir donde creamos nuestra esencia. Kierkegaard no cree en el determinismo, no cree en que alguien nos haya creado. Cree que nos creamos a través de nuestras decisiones. Y por eso lo principal no es la corrección de la elección, sino su sinceridad.
Aquí coincide con los existencialistas más tarde, como Sartre, que dirán que la existencia precede a la esencia. Pero la elección de Kierkegaard está teñida de un componente religioso: es una elección frente a Dios, frente a la eternidad. Por eso requiere no solo un análisis racional, sino un “salto de fe” — un acto que no puede ser completamente entendido por la razón.
La elección definitiva en la filosofía de Kierkegaard no es una decisión tomada una vez por todas. Es una decisión que define todo lo demás, pero que siempre necesita ser confirmada. Elegir el camino ético significa renovar este elección cada día. Elegir la fe significa estar en tensión cada minuto frente al absurdo. Por eso la finalidad aquí no es estática, sino dinámica. Es la disposición a ser fiel a nuestra elección, incluso cuando parece ilógica o fallida.
En consecuencia, “Obligado u obligado” no ofrece una respuesta sencilla. Ofrece una pregunta que cambia la vida. Y esta pregunta es: “¿Estás dispuesto a asumir la responsabilidad de tu elección, incluso si te llevará a lo desconocido?” Y es precisamente esta incertidumbre la que es el precio de la existencia verdadera. Kierkegaard no da un mapa, sino una brújula. Y ofrece a cada uno encontrar su propio camino.
“Obligado u obligado” de Kierkegaard es un libro sobre lo imposible de vivir sin elección. Y no se puede evitar la responsabilidad por ella. Incluso si nos negamos a elegir, siempre estamos haciendo una elección: elegir no elegir. Pero la verdadera vida comienza solo cuando aceptamos una decisión con plena conciencia, con miedo y temblor, sin confianza en el día de mañana. En este sentido, “Obligado u obligado” es un invito al valor. Al valor de ser libre, al valor de equivocarse y al valor de seguir caminando, incluso cuando no se sabe a dónde llevará el camino.
Esto es lo que está en el corazón de la lección del filósofo danés. Ser uno mismo significa elegir. Y esta elección siempre es definitiva y siempre abierta al mismo tiempo.
New publications: |
Popular with readers: |
News from other countries: |
![]() |
Editorial Contacts |
About · News · For Advertisers |
Mexican Digital Library ® All rights reserved.
2023-2026, ELIB.MX is a part of Libmonster, international library network (open map) Preserving the Mexican heritage |
US-Great Britain
Sweden
Serbia
Russia
Belarus
Ukraine
Kazakhstan
Moldova
Tajikistan
Estonia
Russia-2
Belarus-2