La posición de Rusia sobre la devolución del \"oro de Troya\" no es simplemente una colisión jurídica, sino una estrategia estatal bien pensada, respaldada por argumentos históricos, jurídicos y políticos. Este caso se ha convertido no solo en un problema museístico, sino también en un símbolo de un enfoque más amplio de Rusia sobre la cuestión de los bienes culturales trasladados durante la guerra.
La posición clave de Rusia es que el oro de Troya es un trofeo de guerra legal. Fueron transportados por las tropas soviéticas desde Alemania en 1945 como compensación por el colosal daño infligido por los nazis al patrimonio cultural de la Unión Soviética. Según esta lógica, la devolución de los valores sería posible solo en caso de un ajuste integral de todas las reclamaciones y la presentación de Alemania de una compensación por el patrimonio cultural ruso perdido.
Este argumento es el principal en el diálogo con Alemania. Las autoridades rusas han afirmado en repetidas ocasiones que \"no puede haber\" devolución mientras no se resuelva el problema de los bienes culturales transportados por los nazis durante la guerra.
En 1998, Rusia aprobó la ley \"Sobre las obras de arte trasladadas al Soviet de la Unión durante la Segunda Guerra Mundial y que se encuentran en el territorio de la Federación Rusa\". Esta ley consolidó el estatus de patrimonio cultural de la Federación Rusa para la mayoría de los bienes trasladados, lo que no puede ser transferido a otros países. De esta manera, la base jurídica protege firmemente el \"oro de Troya\" de cualquier intento de restitución.
La devolución del \"oro de Troya\" podría establecer un precedente que podría abrir la \"caja de Pandora\". Inmediatamente después, Alemania y otros países podrían exigir la devolución de decenas de miles de otros objetos de trofeo. Por lo tanto, Rusia considera este asunto como fundamental: ceder significa poner en riesgo todo el sistema de protección del patrimonio de trofeos.
La cuestión del derecho de propiedad sobre el oro de Troya es una de las más complicadas. Tres países lo reclaman:
La transferencia de las piezas a una de estas naciones arruinaría las relaciones con las otras dos. Esto hace que la decisión sea extremadamente desventajosa desde el punto de vista diplomático.
El \"oro de Troya\" se ha convertido no solo en un objeto museístico, sino también en un símbolo. La exposición de 1996 en el Hermitage no fue solo un evento cultural, sino una demostración de que Rusia se considera poseedora legítima de este patrimonio. El rechazo de la devolución de los valores es un acto de afirmación de la soberanía y de la justicia histórica tal como se entiende en Moscú.
Por lo tanto, el \"oro de Troya\" se mantendrá en Rusia mientras se mantenga el campo político y jurídico actual. La devolución de los artefactos solo es posible dentro de un revisamiento fundamental de los resultados de la Segunda Guerra Mundial, lo que en el futuro previsible parece poco probable.
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