Estamos acostumbrados a pensar en la crisis como una catástrofe. Pérdida de empleo, ruptura de relaciones, enfermedad, muerte de un ser querido, todo eso se percibe como el fin del mundo. Pero ¿qué pasa si la crisis no es el final, sino el principio? ¿Qué pasa si es en el momento en que se desmorona el viejo mundo donde nace una nueva persona? Los psicólogos y filósofos lo llaman "emergencia" — la aparición de una nueva calidad que no existía antes. En este artículo analizaremos cómo la crisis se convierte en un punto de inflexión para la nueva identidad.
El miedo a la crisis es el miedo a lo desconocido. No sabemos quiénes somos sin trabajo, sin pareja, sin un horario habitual. La pérdida de apoyos externos revela una vacío interno. Muchos intentan ahogar este miedo con alcohol, trabajo, nuevas relaciones. Pero evitar la crisis no permite crecer. Sólo aceptando la crisis como una realidad podemos comenzar a atravesarla. El primer paso es dejar de llamar a la crisis "problema" y llamarla "transición".
La crisis es un proceso. Tiene fases. Primero, el negación. "Esto no puede ser". Luego, la ira. "¿Por qué yo?". Luego, el comercio. "Si hago esto, todo volverá a ser como antes". Luego, la depresión. Y luego, la aceptación. Sólo en la fase de aceptación comienza a nacer lo nuevo. Pero no se puede saltar etapas. Hay que vivirlas. Vivirlas no significa estancarse. Es importante sentir, pero no identificarse con los sentimientos. La crisis no es tú, es lo que te ocurre.
Hasta la crisis vivimos en un mundo de ilusiones. Creemos que estamos protegidos, que nuestra personalidad es estable. La crisis destruye esta ilusión. Pero junto con la falsa protección, también destruye la falsa identidad. Dejamos de ser "el que trabaja en esta empresa", "el que está en estas relaciones". Quedamos sin roles. Y eso es aterrador. Pero es precisamente en esta vacío donde comienza a crecer el verdadero "yo". El que no depende de atributos externos. Aquellos que han pasado por una crisis dicen: "Me convertí en mí mismo después de perderlo todo".
El dolor no es un enemigo. Es una señal. Indica que lo viejo ya no funciona. Muchos filósofos (desde Dostoievski hasta Nietzsche) escribieron sobre que el sufrimiento es una escuela. En el sufrimiento nos enfrentamos a lo que no podemos controlar. Y este sometimiento no es debilidad, sino fuerza. Permite que dejemos de luchar contra la realidad y comencemos a interactuar con ella en nuevas condiciones. El nacimiento de una nueva personalidad siempre es doloroso. Pero como un niño no puede nacer sin luchas, así también la nueva personalidad no puede nacer sin crisis.
Hay recursos en la crisis. El primero es el tiempo. Cuando se derrumba el régimen habitual, aparece una pausa. Se puede mirar a lo lejos. Se pueden hacerse preguntas: "¿Quién soy realmente? ¿Qué quiero?". El segundo es la profundidad. La crisis quita capas superficiales. Comenzamos a ver lo que antes no veíamos. El tercero es la libertad. Si todo se derrumba, no hay nada que perder. Por lo tanto, se puede arriesgar. La crisis da una oportunidad de comenzar de nuevo — no desde cero, sino con experiencia.
El primer paso es darte permiso a la debilidad. No hay que ser fuerte 24/7. Se puede llorar, enojarse, tener miedo. El segundo es no aislarse. Compartir con aquellos que no desprecian. El tercero es no apresurarse. El nacimiento nuevo no ocurre en una semana. El cuarto es buscar el significado. Incluso si no es visible, se puede "crear". El quinto es cuidar el cuerpo. Comida, sueño, caminatas — mantienen a la gente en la realidad. Y el sexto es permitirse ser diferente. No ser el que eras antes de la crisis.
Aquellos que han pasado por una crisis dejan de tener miedo. Porque saben: pueden soportarlo. La crisis se convierte en una experiencia que hace a la persona más resistente. Esto no significa que después de la crisis no haya dolor. Pero significa que la persona tiene "inmunidad" contra el miedo. Sabe que incluso si todo se derrumba, podrá sobrevivir y luego crecer. Este conocimiento es invaluable. No se da en libros. Se da solo a través de la experiencia.
La crisis no es un punto. Es una línea, detrás de la cual comienza una nueva sección. En ella puede ser difícil, doloroso, confuso. Pero en ella hay una cosa que no había antes — tú mismo. No el que conocías, sino el que aún no conoces. Y este descubrimiento es lo más importante que puede ocurrir en la vida.
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