Caballo gris corriendo por agua salada. Sus cascos levantan espuma blanca, y su crin se despliega con el viento. Es el camargues, el fantasma de la delta del Ródano. Durante siglos, estas caballos robustos y bajos han vivido en la frontera entre tierra y mar, en la región francesa de Camargue. Han become tan símbolos de Provenza como la lavanda y los cipreses. Pero su existencia hoy depende del hombre. ¿Cómo viven estas criaturas semidiegas? ¿Qué se hace para protegerlas? Contamos sobre los caballos que no beben agua dulce, sino que pastan entre la sal y el viento.
El camargues es una de las razas de caballos más antiguas de Europa. Los científicos creen que sus antepasados habitaban aquí desde la prehistoria. Son caballos de baja estatura (1,35-1,50 m de altura), robustos, con cabeza grande y crin densa. Una característica única es el pelaje: los potros nacen negros o castaños oscuros, y a medida que envejecen (a los 4-7 años) se vuelven grises, luego blancos. Esta blancura les ayuda a reflejar los rayos del sol en el clima cálido. Viven los camargues en manadas (de 10 a 50 cabezas) en un área de 85 000 hectáreas — en la delta del río Ródano, donde se mezclan el agua dulce y la salada. Son extraordinariamente resistentes: pueden sobrevivir sin agua dulce por mucho tiempo, comer hierbas saladas, soportar los mosquitos y el calor.
Durante miles de años, los camargues fueron salvajes. Los habitantes locales (gauchos) los usaban para pastorear ganado, montar a caballo y para la tradicional caza de toros. En el siglo XX, la raza estuvo en peligro debido a la mecanización de la agricultura y la desecación de los pantanos. En 1970 se creó el Parque Natural Regional de Camargue (Parc naturel régional de Camargue), donde los caballos obtuvieron un territorio protegido. Hoy, los camargues puros están bajo protección del estado. No se consideran completamente salvajes, pero tampoco son domésticos en el sentido común. Son caballos semidiegos, que viven en libertad, pero que se encierran en corrales para revisiones, vacunaciones y selección de sementales para la venta.
La población de camargues es vigilada por la "Estación Biológica Tour du Valat" y la asociación "Syndicat d‘Elevage du Cheval Camargue". Cada otoño se realiza el "abrivado" — la captura de los caballos en corrales especiales. Allí se marcan los potros, se realiza un examen veterinario, se seleccionan los sementales. Una parte del joven se vende en subastas. El objetivo es mantener una población de alrededor de 4000-5000 cabezas y evitar el endogamia. A diferencia de Estados Unidos, donde se capturan los mustangs con helicópteros, aquí se utilizan métodos humanitarios de captura a caballo. También se aplica el control natural: en años de sequía, parte de los potros mueren de hambre — es cruel, pero está en consonancia con los principios del refugio.
A pesar de la protección, los camargues se enfrentan a desafíos. El cambio climático: el aumento del nivel del mar amenaza con desalinizar parte de la delta. Las sequías reducen los pastos. El turismo: las multitudes de turistas en jeeps y cuatrimotos espantan a los caballos, perturban su tranquilidad, especialmente en la temporada de cría (primavera). El conflicto con la agricultura: los agricultores locales consideran a los caballos competidores por la tierra. Aunque los camargues pastan donde las vacas no pueden sobrevivir, las disputas a veces se convierten en tiroteos (ilegales). Finalmente, el problema genético: la cría con otras razas (árabes, andaluzas) para aumentar el crecimiento lleva a la pérdida de pureza de la raza. Por lo tanto, existe una prohibición estricta de la introducción de otras caballos en el parque.
Los camargues están protegidos por varios niveles: nacional (Francia) y europeo (Natura 2000). El Parque Camargue forma parte de la lista de reservas de la biosfera de la UNESCO. Reglas: se prohíbe molestar a los caballos en el período de marzo a junio (cria y crecimiento de los potros). Se prohíbe alimentarlos (los hace dependientes). Se ha implementado un programa "pastor ambiental" — personas especialmente entrenadas vigilan el estado de las manadas. Se ha desarrollado un código de conducta para los turistas (no salirse de las sendas, no acercarse a menos de 50 metros). En 2025 se lanzó un proyecto para instalar cámaras trampa para monitorear y ahuyentar a los cazadores furtivos. Los tribunales imponen penas reales por el asesinato de un camargues.
Los jinetes locales — los "gauchos" (gardians) — han vivido a lado a lado con estos caballos durante siglos. Pastorean toros, participan en fiestas, y ayudan en el conteo de la población. Sin su conocimiento, los camargues no podrían sobrevivir. Tradiciones: cada 1 de mayo se celebra el festival de San Jorge, donde los gauchos demuestran el doma en caballos blancos. Esta conexión cultural es un elemento importante de la protección: mientras las personas valoren a los camargues como parte de su identidad, los protegerán. A los jóvenes se les enseña a montar a caballo y a respetar la naturaleza salvaje.
Observar a los camargues se ha convertido en la tarjeta de presentación de Provenza. Los turistas ofrecen paseos a caballo con guía, safaris fotográficos (sin salir de los vehículos). Un ecoturismo bien organizado proporciona dinero para mantener el parque y puestos de trabajo para los habitantes locales, reduciendo la presión sobre el uso de la tierra. Pero es importante evitar la "sobreexplotación": en 2026, el parque introdujo cuotas diarias de visitantes en la temporada alta, así como la reserva previa obligatoria. Los ingresos del ecoturismo se destinan a necesidades veterinarias y al restablecimiento de los humedales.
La supervivencia de los camargues depende de la gestión de los recursos hídricos en la delta del Ródano. Los opositores de la cría de caballos afirman que pisotean los nidos de aves raras (flamencos, aves acuáticas). Los defensores responden: los caballos son una parte importante del ecosistema, sus cascos aflojan el suelo, promoviendo el crecimiento de la hierba. En 2026 se planea crear "corredores" para los caballos, para que puedan migrar entre diferentes partes del parque, evitando las zonas turísticas. Los científicos también experimentan con el uso de dispositivos GPS en los sementales para un mejor monitoreo. Es posible que en 20 años los camargues vuelvan a ser tan numerosos como en el siglo XIX. Pero para esto se necesita voluntad y dinero.
El camargues no es simplemente una raza de caballos. Es una leyenda viva. Han visto a los romanos, los templarios, los vándalos. Han sobrevivido a guerras y la desecación de los pantanos. Hoy, su futuro está en manos de aquellos que entienden: la naturaleza salvaje no es el enemigo del progreso, sino su complemento necesario. Si alguna vez te encuentras en la delta del Ródano, detente en el borde de un lago salado. Mire hacia el horizonte. Puede que vea una manada de espíritus blancos galopando con el viento. Y entenderá por qué vale la pena luchar.
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